Jueves 29. Noche. Cuando las canecas recibían no pocas cajas desocupadas de vino, sus consumidores de miradas simples parecían disfrutar de lo que ocurría alrededor. Parecía porque en sus rostros se mezclaba curiosidad con el canto.
La radio ciento cuatro uno fm Unicauca el-universo-sonoro-de-la-cultura había llegado a sus diez años y el rock vanguardista en cualquier parte del mundo no podía quedarse atrás en la celebración: concierto del género musical a cargo de las bandas La Fábrica de Cali y Fuera de Quicio de Popayán.
La idea había sido de 'Factor RH, rock en tus venas' programa de la estación.
A la plazuela de la Facultad de Educación arribaron gentes de todos los pelambres: primero que todo las que no parecen estar fuera de quicio. Luego metaleros en busca de lo suyo y que no lo encontraron; 'skaseros' tras las delicias de la guitarra de rasgueo simple y veloz; niñas esnobes que esta noche en la arena del toro buscarán a un ex Poligamia; poquísimos 'punkeros', uno o dos persistentes 'breakers', y ningún rapero.
Tardío el inicio, ausente el desespero, La Fábrica mostró su rock electrónico.
Es una factoría de sonidos puros distorsionables de teclados y softwares que incluían 'samples' y secuencias combinados con la guitarra -con un buen pedal, el bajo y la batería. Las cuerdas vocales las ejecutaba muy a lo Moloko una oji-verde, tímida y rolliza pero agradable Diana Zuluaga.
Las líricas: un inglés oscuro de letras que iban de tonalidades rosadas y dulces hasta la seudo poesía negra. Optimo eso sí, el acoplamiento bajo-batería-secuencias. Si Molotov toca con dos bajos ¿Por qué no dejar que el baterista Juan Felipe Bastidas compita con el señor Microsoft, el de las baquetas de microprocesador?
Los aplausos sinceros fueron recibidos con igual sentido por el sexteto vallecaucano.
En escena se destacó el experimento de la pantalla grande que reproducía lo que
tres cámaras de video -una de ellas en el escenario- captaban. Considerando que Unicauca no está en clases el auditorio fue respetable. Y respetuoso, porque la gente fue educada, sencilla, discreta y austera -sin contar el vino-. (¡Estaban en Educación!)
En tres palabras: no hubo pogo. Pero video, vino y rock motivaron los requiebros de las más de 300 personas. Quizá escepticos, tal vez complacidos, si estuvieron ahí fue porque 'alagaron sus orejas' como dice Alex Lora, líder de El Tri. Si los metaleros no desertaron fue porque aún reclaman sitio para ellos. Mas lo esperan con paciencia.